Un intelectual alejado del caudillismo militar
A diferencia de la mayoría de los presidentes dominicanos del siglo XIX, Espaillat no provenía de una carrera militar sino de la farmacia, el periodismo y la escritura. Formó parte de los círculos intelectuales de Santiago de los Caballeros y expresó desde joven ideas liberales sobre la necesidad de instituciones civiles sólidas frente al predominio de los caudillos armados como Pedro Santana o Buenaventura Báez.
Fue precisamente esa distancia respecto al mundo militar, sumada a su prestigio como hombre honesto y letrado, lo que lo llevó a ser convocado a la presidencia en 1876 en medio de la inestabilidad que siguió a la caída de Báez, en un intento de las facciones civiles por dar al país un gobierno distinto al de los caudillos tradicionales.
Un breve experimento de gobierno civilista
Durante su breve mandato, Espaillat intentó aplicar un programa de gobierno basado en la legalidad, la reducción del gasto militar y la moralización de la administración pública, en abierta ruptura con las prácticas clientelares y el manejo discrecional de fondos que habían caracterizado a los gobiernos anteriores.
Ese mismo programa, sin embargo, resultó difícil de sostener en un país sin un ejército profesional leal a las instituciones y con caudillos regionales acostumbrados a disputar el poder por las armas. Espaillat careció de una base militar propia sólida para hacer cumplir sus reformas o defenderse de las conspiraciones en su contra.
La caída ante los levantamientos militares
Hacia fines de 1876, distintos sectores militares y políticos, entre ellos partidarios de Buenaventura Báez, se levantaron en armas contra el gobierno de Espaillat, que no logró resistir la presión y debió renunciar en noviembre de ese mismo año, tras apenas unos meses en el cargo.
Su caída confirmó, para buena parte de la clase política dominicana de la época, que un gobierno estrictamente civil y legalista no podía sostenerse sin el respaldo de una fuerza militar propia, una lección que marcó el desarrollo posterior de la política dominicana hasta bien entrado el siglo XX.
Un legado simbólico más que institucional
Espaillat murió en Puerto Plata en 1878, poco después de su breve paso por el poder. A pesar de la corta duración de su gobierno, su figura fue reivindicada con el tiempo por la historiografía dominicana como un ejemplo temprano de vocación civilista y honestidad administrativa en un siglo dominado por el caudillismo militar.
Su nombre se asocia hoy, sobre todo, a la idea de un proyecto de país alternativo al de los caudillos: uno basado en instituciones, ley y administración honesta, que el propio contexto político dominicano del siglo XIX no permitió consolidar.
Cronología
- 1823
Nace en Santiago de los Caballeros.
- 1876
Asume la presidencia en abril.
- 1876
Es derrocado por levantamientos militares en noviembre.
- 1878
Muere en Puerto Plata.
Preguntas para repasar
¿Por qué se destaca el gobierno de Espaillat pese a su brevedad?
Porque representó uno de los pocos intentos del siglo XIX dominicano de imponer un modelo de gobierno civil, legalista y austero, en contraste con el caudillismo militar que dominó la política del país durante buena parte de esa centuria.
¿Qué provocó su caída?
Levantamientos militares de sectores leales a antiguos caudillos, como Buenaventura Báez, que aprovecharon la falta de una base armada propia del gobierno de Espaillat para derrocarlo hacia fines de 1876.
Fuentes consultadas
- Academia Dominicana de la Historia · Ulises Francisco Espaillat ↗
- Museo Bellapart · colección de retratos presidenciales dominicanos ↗
- Wikipedia en español · Ulises Francisco Espaillat ↗
Texto redactado por el equipo editorial de Historia Breve a partir de las fuentes citadas. Consulta los criterios editoriales.