La lucha armada conocida como Revolución Mexicana fue un complejo movimiento social que dio inicio en el año de 1910; podría pensarse que se trató de una sola guerra basada en un mismo objetivo: destituir a Porfirio Díaz del poder. Sin embargo, fue resultado de una serie de causas que en combinación resultaron explosivas. Además, no se trató de una sola guerra sino de múltiples levantamientos y rebeliones, cada uno con orígenes y objetivos propios. Por tanto, la Revolución Mexicana no fue la misma en todos los puntos del país y eso se debe a la diversidad regional de México y a sus desiguales características y condiciones sociales, económicas, políticas y culturales.

Si quieres conocer más sobre las causas que propiciaron el inicio de la Revolución Mexicana, continua leyendo.

Las causas de la Revolución Mexicana

Los primeros años del siglo XX se pueden categorizar como la etapa de decadencia del gobierno de Porfirio Díaz, en este periodo confluyeron varias crisis simultáneas, aunque de diferentes características, intensidades, duraciones y estructuras, por tanto su impacto fue múltiple. Estas crisis incluyeron aspectos políticos, económicos, sociales, diplomáticos y culturales. En el aspecto político y social, el país México sufría un gobierno dictatorial con Porfirio Díaz y una muy desequilibrada distribución de la propiedad agraria. Durante el porfiriato (así se le conoce a los años de mandato de Díaz) se fue edificando un régimen en el cual se gozaba de un notable crecimiento económico, aunque desigual socialmente.

Las distintas crisis que llevaron al levantamiento en armas

Una de las principales causas fue el descontento ante el gobierno de Porfirio Díaz. Su mandato duró más de treinta años y su dictadura se prolongó mediante una serie de reelecciones. Asimismo, durante su gobierno, las leyes se modificaron a su conveniencia, puesto que en primer lugar estuvieron sus intereses políticos y económicos (y los de sus familiares, amigos y allegados). Díaz buscaba la inversión extranjera, dejando de lado el mercado interno. Se legisló para los ricos y muy poco para la gran mayoría de los mexicanos: los no favorecidos económicamente. La pobreza del pueblo creció, además del mínimo apoyo para los trabajadores del campo y de la ciudad. Hubo un excesivo abuso de los recursos naturales y también un dura explotación de los trabajadores. Por su parte, la filosofía positivista influyó en esa búsqueda incansable del progreso, mientras que el darwinismo social legitimaba la desigualdad, la discriminación y el racismo. De tal manera, el descontento social estaba latente.

Crisis económica

La mejora económica del país se debió en gran parte a las inversiones extranjeras y a la introducción de México en el mercado global; esto tuvo efectos a largo plazo en el proceso revolucionario, es decir que la transformación económica, provocada desde afuera, podía afectar también desde el exterior a la economía mexicana. Así, en el año 1907 una crisis económica en Europa y Estados Unidos afectó directamente a nuestro país. Como consecuencia, hubo una serie de crisis bancarias en México en el año de 1907 y principios de 1908 y se redujeron al máximo los créditos a industriales y hacendados, además se cobraron los adeudos existentes.

Las secuelas en la economía mexicana fueron de enorme gravedad: se encarecieron las importaciones, se disminuyeron las exportaciones, también hubo encarecimiento de los insumos y la suspensión de los créditos para los empresarios hizo que muchos disminuyeran sus actividades productivas, con lo que se redujo la jornada diaria o el número de días laborales a la semana; peor aún, se presentaron casos en los que se despidieron empleados o incluso cerraron empresas, lo que afectó a muchos obreros.

La situación del campo

Por lo que respecta al trabajo en los campos, a los hacendados también dañó la falta de créditos y los obligó a reducir sus cultivos, afectando el nivel de empleo y los ingresos de sus diversos tipos de trabajadores. Los hacendados buscaron resolver la falta de créditos aumentando las rentas de los medieros y aparceros, lo que hizo más complicadas las condiciones laborales de los trabajadores del campo. Por si fuera poco, como consecuencia de la crisis económica de Estados Unidos, en 1908 millares de trabajadores mexicanos que laboraban en aquel país quedaron sin trabajo y tuvieron que regresar a México, donde encontraron que la actividad económica también estaba muy mermada, convirtiéndose en desempleados y vagabundos, lo que fue un grave problema social.

Para empeorar la situación, una sequía dañó a los campos mexicanos: hubo sequías en 1908-1909 y con éstas se perdieron cosechas de maíz, frijol y trigo, por tanto, se elevaron los precios de los principales productos alimenticios para el mercado interno, por lo que para 1910 se podía apreciar un alza constante en el precio del maíz, alimento básico de la sociedad mexicana. El maíz subió de 3.5 pesos a 7.5 pesos el hectolitro, los frijoles de 6 pesos a 15 pesos, mientras que los salarios se redujeron a 75 centavos y a un peso diarios; en el Bajío los precios de los artículos básicos (maíz, frijol, azúcar) comenzaron a subir desde marzo de 1907, el jabón blanco alcanzó 75 centavos, lo que equivalía a un día de jornal campesino.

Lo más grave de la crisis económica y la sequía fue que se vieron afectados todos los sectores sociales del país: tanto los empresarios y hacendados, como los trabajadores públicos y comerciantes; pero sobre todo, los más afectados fueron los sectores populares, los obreros y los trabajadores del campo. Viendo esta situación en perspectiva, fue lógico que una recesión económica aunada a una crisis agraria generara inquietud social en los afectados, mismos que fueron la mayoría, y que haya intensificado considerablemente el proceso de crisis política que se iniciaba.

El crecimiento económico no podía ser permanente. Su naturaleza implicaba ciertas limitaciones profundas, que amenazaban con provocar serios problemas políticos y sociales. El sistema político también adolecía de contradicciones. Por lo tanto, era más que probable que el período de auge deviniera de crisis y decadencia, transformación perceptible desde principios del siglo. Las crisis de finales del régimen porfiriano fueron graves, múltiples, simultáneas e insolubles, y afectaron con intensidad variada los aspectos político, económico, social, diplomático y cultural del país.

Con la crisis económica se agravaba la ya existente crisis social, misma que abarcó a los sectores urbanos y campesinos. Los primeros, los urbanos, vieron su descontento reflejado en huelgas y motines, pues los obreros exigían un trato similar al que tenían los obreros norteamericanos en el país, quienes disfrutaban de los mejores empleos y por ende de los mejores sueldos. Mientras en el campo, la demanda urbana de productos agropecuarios, las exportaciones y los nuevos recursos en maquinaria agrícola, habían motivado a los hacendados a adquirir más tierras dejando así a muchos mexicanos sin su propiedad o acceso a la tierra; contribuyó a esto la construcción del ferrocarril y el deslinde de tierras a comunidades indígenas.

Campesinos y obreros apelaron a las autoridades pero no encontraron una solución, al contrario, las fuerzas gubernamentales reprimieron brutalmente los huelguistas. Al no encontrar satisfacción a sus demandas muchos campesinos y obreros comenzaron a politizarse y a organizarse junto con otros sectores sociales de oposición al gobierno de Díaz. De este modo, la crisis económica y la crisis social sirvieron como catalizadores, pues distintos sectores de la sociedad mexicana iniciaron un proceso oposición al gobierno existente.

Elecciones de México de 1910

Aunado a esto, la prolongación de Díaz en el poder por más de treinta años a través de reelecciones sucesivas ya había generado descontento, y las promesas respecto a la sucesión presidencial hechas por Díaz mediante su entrevista con el norteamericano James Creelman sirvieron para que sus opositores se organizaran mediante agrupaciones, clubes, periódicos y libros en su contra. Uno de estos movimientos opositores fue el antirreeleccionista Francisco I. Madero.

Francisco I. Madero había formado un partido político que se opondría a la reelección de Díaz en 1910, el cual se llamó Partido Nacional Antirreeleccionista. Con dicho objetivo realizó tres giras para promover la creación de clubes antirreeleccionistas, los que a su tiempo organizarían convenciones estatales en las que deberían nombrarse a sus candidatos para las elecciones presidenciales. Su objetivo era “crear un partido desde abajo, de principios, de alcance nacional y no personalista.” Ya como candidato presidencial fue acusado de rebelión, aprehendido y recluido en una prisión de San Luis Potosí. Durante su encarcelamiento tuvieron lugar las elecciones, resultando reelectos Porfirio Díaz y Ramón Corral.

El estallido de la Revolución Mexicana

Los antirreeleccionistas acusaron las elecciones como fraude. Así es como estalló la Revolución Mexicana. Madero, y casi todo su movimiento, hubieran preferido una transición pacífica, sabían que sus bases eran mayoritariamente de clase media urbana. El llamado a las armas para el 20 de noviembre de 1910 no fue secundado por sus seguidores antirreeleccionistas, pues no reunían las condiciones adecuadas para una lucha armada; sin embargo, puesto que Díaz dejó de satisfacer los intereses de los grupos mayoritarios del país, los campesinos y los obreros, el riesgo de la inestabilidad se tornó inevitable e inminente y muchos de éstos se unieron a la lucha.

Como escribe Hans Werner Tobler la revolución no ha sido posible más que por la “acumulación excepcional de una crisis”. Con este contexto generalizado en la nación se dio inicio a la lucha; cada uno de las regiones del país se vieron afectadas inevitablemente y si bien compartieron ciertas características, también cada región vivió este movimiento de manera particular.

Fuentes:

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