Una de las mayores dificultades para estudiar a las mujeres durante periodos de guerra radica en el hecho de considerar estos contextos como espacios exclusivamente varoniles. Además, casi todo lo que sabemos de las guerras proviene desde el punto de vista masculino; en las fuentes oficiales (correspondencia militar, periódicos, documentos judiciales, etc.) los hombres son los protagonistas y de sus voces leemos sus actos heroicos, las luchas que llevaron a cabo por su país o en contra de las injusticias, las armas y técnicas que utilizaban para pelear, quiénes eran los terribles rivales, quién gano y perdió. Pero, ¿acaso lo hicieron todo ellos solos? Si bien, en las guerras la participación femenina es menor que la masculina, eso no indica su ausencia. Las mujeres también estuvieron presentes: luchando por iniciativa propia o siendo arrastradas a “la bola” de manera forzosa, actuando de manera pasiva o activa, como víctimas o victimarias. 

 La guerra desde el punto de vista femenino tiene sus propias palabras, “sus colores, sus olores, su iluminación y espacio”, como lo menciona Svetlana Alexiévich, y por ello requieren su propia historia. Sin embargo, una de las mayores dificultades para estudiar a las mujeres en estos contextos radica en la poca documentación que existe sobre ellas, ya que su participación se ha considerado como poco importante o no socialmente significativa. De ahí la escasez de fuentes donde se las aborde de manera explícita y por tanto la mayoría de las veces aparecen de manera anónima o aglutinadas dentro de la multitud sin rostro. No obstante, las mujeres han estado presentes en cada una de las guerras que han acontecido a lo largo de la historia humana, y la Revolución Mexicana no fue la excepción. 

La lucha armada conocida como Revolución Mexicana fue un movimiento social complejo que dio inicio en el año de 1910; no se trató de una sola guerra sino de múltiples levantamientos y rebeliones regionales y locales con orígenes y objetivos propios. La Revolución Mexicana no fue la misma en todos los estados del país y eso se debe a que no todos los puntos de México contaban con las mismas características y condiciones, tanto sociales como políticas. Sin embargo, las mujeres maderistas, porfiristas o villistas, acomodadas económicamente o necesitadas, niñas, jóvenes o longevas, pacíficas o subversivas, se vieron afectadas por el proceso revolucionario ya sea desde su papel convencional o tomando las armas y dirigiendo tropas. En consecuencia, sufrieron a la par que los hombres. 

El papel de las mujeres en la Revolución Mexicana

En esta ocasión nos centraremos solamente en el estado de Guanajuato, y en las mujeres relacionadas directamente con la contienda armada. De esta forma las encontramos participando de diferentes maneras: cuidando enfermos y heridos, alimentando y abasteciendo a los revolucionarios y bandidos, fungiendo de espías, comprando y vendiendo armas, así como también siendo víctimas de los abusos, raptos y violaciones de los hombres levantados en armas. 

La sociedad de aquella época exigía a la mujer el sometimiento al hombre por tanto una gran cantidad de mujeres (a menudo con sus hijos) estuvo acompañando a sus esposos en la lucha. Detrás de un ejército siempre estaban ellas llevando las provisiones, las casas de campaña, cargando las botas y la ropa de sus maridos. Además, cuando las tropas establecían los campamentos, las mujeres se encargaban de conseguir leña para cocinar y calentarse en las noches frías. En Salamanca, la que fue esposa de un miembro de los hombres de Matilde Alfaro, doña Goyita N. contó que las mujeres ayudaban en el campamento, muchas veces a la fuerza:

A nosotras las mujeres nos habían desapartado y nos tenían allá más arriba de la sierra, en una cañada haciéndoles tortillas y comida. (…) Y probes de quienes desobedecían, pos nos fusilaban. (…) Pos pa’ eso era yo su mujer: debía andar donde mi marido tuviera que andar. Aunque luego me largara por otra fulana, dejándome un hijo chiquitillo.

Juanita N., quien fue esposa de Ramón Ortiz (revolucionario de Salamanca) lo estuvo acompañando en la lucha casi dos años y mencionó que sufrió mucho durante ese tiempo:

“ora en la sierra, ora en este rancho, ora en aquel, ora p’alla, ora p’aca”, y cuando quedó viuda subsistió en tal pobreza que casi tuvo que mendigar caridad, además siempre corrieron los rumores de que ella le había entrado sin miedo a los balazos, cosa que niega. La misma Juanita dijo sobre sus compañeras: “pobres mujeres, siempre sufriendo la pena negra”. 

En las serranías de Acámbaro, acompañando a unos rebeldes, en el campamento las mujeres se dedicaban a cuidar el ganado, a juntar leña y a fungir como espías. Guillermo N., de 16 años, dijo que él: 

(…) se quedaba en el cerro a cuidar los caballos que ahí dejaban, mientras los demás se iban a los ranchos cercanos a traer más animales y de comer, (…) por orden de los hombres con los que estaba tuvo que ir a robar en ranchos cercanos pasturas para la caballada. (…) También lo mandaban con otros compañeros y las mujeres a que fueran a inspeccionar en los cerros por si pasaba algo o no y se volvía con ellas.

En otro caso, en Valle de Santiago, el detenido José N. manifestó que “unas mujeres de los rebeldes que asistían a sus señores en el cerro, lo ocuparon dándole veinte centavos al día” su labor sería transportar junto con ellas unos “chundes” con armas y parque para abastecer a los hombres. José dijo que debido a su “extremada pobreza” aceptaba los trabajos que le ofrecían las mujeres. 

La crisis económica que se produjo a raíz de la guerra dejó a miles sin trabajo, lo cual orilló a muchos a delinquir para asegurarse la subsistencia; de esta manera, en Valle de Santiago las vecinas Catalina y Juana N. son acusadas de vender las mercancías robadas en un asalto al tren. Mientras que en Pénjamo, la tortillera Concepción N. y Paula N., de 54 y 30 años de edad respectivamente, fueron detenidas por llevar entre sus ropas 250 cartuchos para máuser, mismos que pensaban vender a los hombres del bandido Inés Chávez García

Por otro lado, cuando los revolucionarios, rebeldes o bandidos llegaban a una población, las mujeres eran de las principales víctimas. Los raptos y violaciones estuvieron a la orden del día y en todo Guanajuato hay denuncias de este crimen; en los testimonios de la época podemos ver que ante la noticia de hombres armados “las mujeres vestían sus ropas más desgarradas y muchas, sobre todo las muchachas, se llenaban la cara con tierra o cenizas, temerosas de los atropellos”, mientras que los padres de familia escondían a sus hijas y esposas aunque no siempre con éxito, como ocurrió en Yuriria con la hija de Refugio N. a la que violaron dos hombres. 

A manera de conclusión, en Guanajuato durante la Revolución Mexicana las mujeres vivieron y sufrieron la guerra al igual que los hombres. Su presencia fue indispensable para la supervivencia de los ejércitos y sus seguidores, puesto que apoyaron a los hombres con la preparación de alimentos, abastecimiento de víveres, cuidando a los heridos y espiando al enemigo. Esto no significa la nula participación de mujeres en el campo de batalla, seguramente las hubo, pero como se mencionó en un comienzo hay pocas fuentes que hablen sobre ellas. Por tanto, conocer la historia de las mujeres en la guerra no es tarea fácil, pero hay que tener muy en claro que en la Revolución Mexicana (y en cualquier otra lucha) la participación femenina ha sido esencial.

Fuentes:

  • Alexiévich, Svetlana. La guerra no tiene rostro de mujer, Debate, México, 2017.
  • Blanco, Mónica. El movimiento revolucionario en Guanajuato, 1910-1913, Ediciones La Rana, México, 1998.
  • Blanco, Mónica. Breve Historia de Guanajuato, México, El Colegio de México, Fondo de Cultura Económica, México, 2000.
  • González y González, Luis. Pueblo en vilo. Microhistoria de San José de Gracia, Fondo de Cultura Económica, México, 1984.
  • Guzmán Cíntora, J. Jesús. Yuririapúndaro, 6ª. Edición, Linotopográfica Dávalos Hnos., León, Gto., 1994.
  • Márquez Frías, José Andrés. Revolucionarias, delincuentes y afectadas. Mujeres guanajuatenses durante el Porfiriato y la Revolución Mexicana, Conaculta, 2019.
  • Pérez Pérez, Silvia Elena. El Bandidaje en el sur de Guanajuato durante el contexto revolucionario, 1910-1920, Forum Cultural Guanajuato, 2020.
  • Razo Oliva, Juan Diego. Rebeldes Populares del Bajío (Hazañas, tragedias y corridos 1910-1927), Editorial Katún, Serie Historia Regional, México, 1983.

Archivos:

  • Archivo Histórico de la Casa de la Cultura Jurídica de Guanajuato.

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