El 5 de mayo de 1862 se dio la Batalla de Puebla. Te contamos los motivos de esta lucha entre México y Francia, y quién salió triunfante.

Una deuda, el origen de la Batalla de Puebla

En 1861, México era un país al borde de la quiebra. Hacía no mucho se había terminado la guerra civil, —conocida como la Guerra de Reforma (1858-1861)— y el gobierno de Benito Juárez carecía de suficientes recursos para volver a instaurar la normalidad en el territorio.

Así que, sin dinero disponible, el 17 de julio de 1861, el Congreso de la República canceló temporalmente los pagos de la deuda exterior.

Según cuentas del diplomático Manuel Payno, México debía a Inglaterra $69.994,544.54, a Francia $2.859,917.00 y a España $9.460,986.29, cerca de 400 millones de francos de la época.

Muy pronto, la noticia corrió a los oídos de los españoles, los ingleses y los franceses. Por consiguiente, ante la situación de inestabilidad por la que atravesaba el ruinoso país, Francia rompió relaciones diplomáticas con México.

Además, aprovechó la oportunidad para planear una intervención y establecer una monarquía. Incluso, Napoleón Bonaparte (también conocido como Napoleón III), el emperador francés, ya había decidido que, de salir todo como se esperaba, pondría al frente del deseado imperio mexicano al archiduque Fernando Maximiliano de Habsburgo.

Mientras tanto, en México, la población sabía que era inminente una nueva batalla para luchar por su soberanía. Sin embargo, pensaban que la batalla sería en contra de los españoles, quienes buscarían recuperar el territorio mexicano perdido apenas tan solo 41 años atrás. No fue así.

Los primeros días de la intervención

El 31 de octubre de 1861, representantes de los gobiernos de Francia, Inglaterra y España se reunieron en la ciudad de Londres para firmar un pacto mediante el cual se comprometían a enviar una expedición para ocupar los principales puertos de México, con la finalidad de recaudar el dinero de las aduanas.

De modo que, el 8 de diciembre de ese año, arribó la tropa española al puerto de Veracruz; y lo mismo harían el 7 de enero de 1862, las tropas francesas e inglesas. 

“Los anuncios de la próxima guerra que se preparaba en Europa contra nosotros, han comenzado por desgracia a realizarse. Fuerzas españolas han invadido nuestro territorio; nuestra dignidad nacional se halla ofendida, y en peligro tal vez nuestra independencia”.

Benito Juárez al pueblo mexicano

El 21 de enero, el general Manuel Doblado, representante del gobierno mexicano, solicitó una reunión con los extranjeros con el propósito de llegar a un acuerdo. El general pidió a los intervencionistas que reconocieran el gobierno de Juárez y la independencia de la nación. 

Además, Doblado les aseguró que la deuda iba a liquidarse en no más de un par de años.

Pidió que establecieran sus tropas en las ciudades de Veracruz y Puebla (Córdoba, Orizaba (Veracruz) y Tehuacán (Puebla) para evitar que los extranjeros se contagiaran de fiebre amarilla.

Los ingleses y españoles estuvieron de acuerdo. Pero el gobierno francés no respetó el trato, y contrario a lo esperado, enviaron un refuerzo para sus tropas. Como resultado, el 20 de abril, el general francés Charles Ferdinand Latrille de Lorencez, junto con unos seis mil hombres de su tropa, arribó a la ciudad de Orizaba, Veracruz.

Lorencez, creyendo que la suerte estaba de su lado, mandó a decir a Napoleón Bonaparte lo siguiente:

“Tenemos sobre los mexicanos tal superioridad de raza, de organización, de disciplina, de moralidad y elevación de sentimientos que desde ahora, a la cabeza de mis seis mil soldados, soy dueño de México”.

Charles Ferdinand Latrille de Lorencez, 26 de abril de 1862

A pesar del tono arrogante y racista de las palabras de Lorencez, tenían algo de razón y es que el Ejército de Oriente, comandado por el general Ignacio Zaragoza, solo contaba con 4,802 soldados, la mayoría de ellos voluntarios, sin mucha experiencia en cuanto al arte de la guerra. El ejército francés, el “mejor del mundo”, tenía todo para ganar, pero su suerte estaba por verse.

5 de mayo de 1862, el día de la Batalla de Puebla

El 4 de mayo, a un día de darse la Batalla de Puebla, las tropas francesas se acercaban a la ciudad de Puebla. Mientras que el Ejército de Oriente, a la espera de los invasores, levantaba una fortificación improvisada en los cerros de Guadalupe y Loreto de aquella ciudad.

El 5 de mayo de 1862, cerca de las once la mañana, la campana de la Catedral de Puebla comenzó a sonar. Los franceses estaban ahí. Había llegado la hora del combate en la Batalla de Puebla. El ejército de Lorencez se distribuyó en tres columnas que avanzaban para ubicarse en las faldas del cerro de Guadalupe con la intención de subir al escuchar la orden.

Entretanto, los primeros cañonazos fueron expulsados por los mexicanos. Los franceses contestaron el ataque sin causar daño a la fortaleza, por lo que decidieron desplazarse hacia el costado derecho para conseguir abrir una brecha en Guadalupe. Casi dos horas de ataques pasaron y los extranjeros habían consumido la mitad de su artillería sin éxito alguno.

El general Lorencez, tomó la decisión de subir al cerro a como diera lugar. Divididos en dos columnas, arribaron a la cima y fueron recibidos con un ataque sin piedad por parte de la artillería mexicana del Batallón Nacionales de Puebla, formado en su mayoría por indígenas de la sierra de Tetela de Ocampo y Zacapoaxtla.

El ejército francés estaba perdiendo el orden y el control. Inició entonces el combate cuerpo a cuerpo. Mientras tanto, el general Antonio Álvarez, al mando de la Brigada de Caballería con 500 jinetes, ejecutó una carga en contra de los franceses que los obligó a bajar del cerro.

Luego de reintegrarse, los franceses intentaron escalar las trincheras por un lado del fuerte. Los mexicanos se encontraban desprevenidos, y al ver al enemigo encima de ellos, corrieron a refugiarse detrás de un viejo templo que se hallaba en el cerro de Guadalupe; los que se quedaron intentaron defenderse con las pocas armas que tenían a la mano.

Después de ser convencidos por el coronel González Arriaga, los soldados mexicanos salieron de su escondite para seguir con la batalla. El general Porfirio Díaz ya organizaba a los hombres de su brigada para defender un nuevo ataque francés. Este último embate fue tan contundente, que los franceses se replegaron hacia la cercana hacienda San José para intentar reorganizarse. Sin embargo, viendo que no tenían ya ninguna oportunidad, comenzaron la retirada. Habían sido derrotados por el Ejército de Oriente.

“El ejército francés se ha batido con mucha bizarría; su General en Jefe se ha portado con torpeza en el ataque”.

General Ignacio Zaragoza, en su reporte sobre la Batalla de Puebla.

El saldo de la Batalla de Puebla del lado mexicano fue de 83 muertos y 232 heridos; mientras que en el lado francés hubo 117 muertos y 305 heridos.

La celebración del éxito de la Batalla de Puebla no se hizo esperar en las calles de Puebla. Las bandas de música de los batallones tocaron hasta el amanecer canciones llenas de júbilo, en donde se relataba la cruzada heroica de los mexicanos.

Fuentes:
Libro “Nueva Historia Mínima de México” de El Colegio de México.
Artículo de Notisem. 
Artículo del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.

Extra

Material de consulta

-Libro disponible en línea “Cinco de Mayo. Las razones de la Victoria” de Raúl González Lezama. 
-Libro “Batalla del 5 de Mayo de 1862” de Salazar Monroy.

Video Historia breve de la Batalla de Puebla